EL ORIGEN DE “¡UPE!”

por Dionisio Cabal Antillón.



Unas breves líneas sobre el tema.





Los Huetares fueron la comunidad más importante en el centro de Costa Rica, siendo la principal población cuando se dio la llegada de los conquistadores.

A lo largo de algunos meses he leído algunas publicaciones, (las cuales se citan entre sí unas a las otras), en las que se afirma que la exclamación “¡upe!” es un reductivo o apócope del nombre de Nuestra Señora la Virgen de Guadalupe. De manera bastante caprichosa se deduce que su uso deriva de la devoción a la Señora de Guadalupe en la población de Nicoya. A continuación se propone que el uso de “¡upe!” pasó de Nicoya a la Meseta con el andar de los años, pues luego de la Anexión (1824) los “gamonales y los miembros de la oligarquía cafetalera del Valle Central se trajeron a las nicoyanas a trabajar como sirvientas y con ellas se vino el vocablo y la costumbre”.


Aunque es evidente que lo afirmado no encuentra ningún tipo de constatación, la idea ha encantado a gran cantidad de usuarios costarricenses de internet o facebook ávidos de conocer nuestra historia. Desdichadamente han sido inducidos a serio error y, en su entusiasmo aumentan la propalación del equívoco.


Aquí debemos decir, con mucho respeto, que con el paso de los años una serie de aseveraciones (a veces verdaderos dislates) dimanadas del libro “El Costarricense” de don Constantino Láscaris, siguen causando muchos extravíos entre los costarricenses. Tal es el caso.



El origen de la exclamación, voz o palabra onomatopéyica "¡upe!" es absolutamente distinta.


En primer lugar el interjectivo ¡upe! para llamar a una casa o lugar NUNCA ha sido ni tradición nicoyana en particular, ni guanacasteca en general. Y los guanacastecos lo saben. Pretender que sea el “eco” final de la frase “Una ayudita para nuestra Señorita de Guadalupe” es fantasioso y quien lo escribió debería ponderarlo. Cuando en Nicoya, Santa Cruz o Liberia alguien exclama ¡upe! ya se conoce que se trata de un “cartago” como nos dicen a los meseteños.


Lo segundo a considerar es que la expresión está documentada en crónicas periodísticas, obras literarias y sobre todo en el folklore de la Meseta Central desde hace muchísimo tiempo, no así en Guanacaste. Podría abundar en todo tipo de ejemplos.


En tercer lugar, y es el punto más relevante, “¡upe!” es una de las tantísimas voces procedentes de la lengua huetar que usamos a diario. Su raíz etimológica se comparte con otras lenguas de origen chibcha, como el bribri, el cabécar y el maleku, con el significado equivalente en español a la expresión “casa o rancho”. De tal manera “¡upe!” no es otra cosa que “¡casa!” y como forma exclamativa equivale al “¡ah de las casa!” que los españoles usaban para hacerse notar de los dueños. El antropólogo Gerardo Alfaro coincide conmigo al proponer que ¡upe! es “¡gente de la casa!” (u= casa, pe=gente).


OTRA TESIS

Por su parte el distinguido lingüista Mario Portilla asocia la etimología de UPE a una voz procedente del caló (jerga gitana española) “upré” en el sentido de levantar o hacer levantar a alguien o algo. Respetable idea. En Costa Rica al alzar o levantar a los niños se les dice “¿quiere upa?” o bien ellos mismos dicen “¡upa, upa!” cuando quieren ser alzados en brazos (en inglés “up” es arriba). Con ese significado los costarricenses hemos usado ¡upa! “desde siempre”. Pero en relación con ¡upe! como interjección para llamar la atención de alguna persona de la casa o del lugar que visitamos, si en verdad se hubiese originado en el caló, ¿por qué entonces siendo expresión vehiculada por el español, su uso aplicado se restringe solo a nuestro país y no existe en ninguna otra nación hispanohablante, teniendo como tiene el caló, presencia en todas las formas dialectales del español que se usan en América?

Vivienda huetar

Indudablemente tenemos mucho que explorar y estudiar y es natural que en la búsqueda de nociones verdaderas se cometan errores de buena fe, pero está claro que el sistema educativo costarricense tiene grave deuda con la identidad nacional y sus componentes multiculturales y ello ha dado pie para que se incurra en la propalación de fantasías como la que hemos señalado.

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